Por
Javier Iriondo
Cada vez
vivimos más ocupados, con menos tiempo, más conectados gracias a la tecnología
y, a la vez, más aislados. La conexión virtual nos hacer creer que estamos más
unidos porque conectamos con otros, sin embargo crea un contradicción: esa
conexión no satisface la necesidad de afectividad humana y la soledad
aparece en escena.
A pesar
de esa hiperconectividad, la triste realidad es que el sentimiento de
incomprensión y soledad sigue creciendo en nuestra sociedad a una velocidad
alarmante. Todos necesitamos sentir un abrazo de verdad, sentirnos
comprendidos, que importamos y necesitamos del contacto humano real.
La
mayoría nos hemos sentido solos en algún momento de la vida. En ocasiones por
el simple día a día, porque las cosas no han salido como esperábamos, por una
separación, un fracaso, un cambio de trabajo o por otras circunstancias.
Esas
situaciones, en ciertos momentos, hace que nos encerremos en nosotros mismos
como mecanismo de protección. Otras veces, nos autoexigimos y esclavizamos a
nosotros mismos en el trabajo. Pero todo esto es un círculo vicioso, un círculo
que va comprimiendo y asfixiando la vida, que nos lleva a un mayor grado de
aislamiento y soledad.
1. La soledad: un problema de nuestro tiempo que
muchos esconden
A lo
largo de la historia hemos vivido, sobrevivido y evolucionado como especie en
tribus, grupos, familias, en pareja; ayudándonos y protegiéndonos unos a otros,
compartiendo. Es una necesidad humana que todos tenemos y, sin embargo, a pesar
de los grandes avances tecnológicos, cada vez vivimos más separados y
aislados. Y ya son unos cuantos estudios que lo revelan.
La
soledad es uno de los males que se expande como un virus en la sociedad moderna, hasta tal punto que en el Reino
Unido ya se ha creado un Ministerio de la Soledad. Casi 9 millones de personas
en ese país se enfrentan a este problema cada vez más grave, que afecta a su
salud y que, lamentablemente, deciden ocultar
1.1 ¿Pero qué es realmente la soledad?
El
concepto de soledad no tiene
que ver necesariamente con estar solo o no tener a ningún ser humano
cerca. Una persona puede estar rodeada de gente y sentirse sola.
¿Cuánta gente que está en pareja o en familia se siente sola (lo cual es
aún peor)? No es una soledad física es una soledad emocional.
Ese tipo
de abandono o desamparo nace de la incomprensión, de la sensación de que nadie
me entiende, de sentirse invisible, que no importas, que en realidad nadie
sabe ni comprende lo que está pasando en tu interior.
Sin
embargo, en vez de conectar parece que estamos más empeñados en impresionar, en
destacar, pensando que así vamos a gustar más. Y en ese intento nos hacemos
menos humanos, nos alejamos de los demás. Y lo cierto es que lo que necesitamos
son verdaderas y profundas conversaciones que nos ayuden a conectar, a
comprender y sentirnos comprendidos.
2. La soledad emocional en la era del móvil
A través
de las redes sociales da la impresión de que ahí afuera hay un mundo
extraordinario lleno de infinidad de personas felices que tienen una gran vida.
Pero ¡ojo! La realidad pueda ser totalmente opuesta.
Dado que
los sentimientos son invisibles y más fáciles de ocultar, lo que prevalece es
la apariencia y aunque sepamos esto, nuestra mente se convierte en una cruel
máquina de comparación. ¿Y qué hace? Nos genera sentimientos de
inferioridad, de que somos defectuosos, de no ser lo bastante; da la
impresión de que ahí afuera hay un mundo al cual no tengo acceso, una vida que
no está a mi alcance.
Cuando
albergamos ese tipo de pensamientos (con sus emociones correspondientes)
decidimos aislarnos para huir del dolor, para esconder nuestras supuestas
imperfecciones y ¿qué sucede justo después? Que la soledad emocional nos
abraza.
3. Cómo combatir la tristeza y la soledad (la no
escogida)
Si en
algún momento te has sentido así, ¡bienvenido al club! No te pasa solo a ti, no
eres un bicho raro, no tienes la exclusividad del problema porque nos sucede a
muchos y tiene solución.
Ahora
bien, primero debemos también tener muy claro que hay distintos tipos de
soledad y que la tristeza no siempre es un problema que debamos solucionar.
En
ocasiones, el concepto de soledad no está asociado a un estado emocional
negativo. En estos casos hablamos de personas que disfrutan de su silencio, de
sus momentos de recogimiento. Aprender a estar solos es un
ejercicio muy positivo porque nos permite escucharnos (sin distracciones),
analizar qué sentimos y observar nuestras circunstancias desde otro enfoque más
calmado. Esa pausa es muy necesaria y, como decía Michel de Montaigne, (…)
la soledad, ese instante de plenitud
Y lo
mismo sucede con la tristeza: debemos entender que esta emoción es una parte
natural de la vida y todos pasamos por ella en distintos momentos. Exceptuando
casos de depresión, es algo pasajero que puede conectarnos con una parte
interior más profunda, puede ayudarnos a centrarnos y a conectar con nuestros
valores y hacernos más fuertes.
Pero si
en tu caso lo que estás experimentando es un aislamiento no deseado, quiero
compartir contigo una serie de puntos para salir de ese estado emocional:
a) Sal de ti mismo/a
Deja de
ser el centro de tu propio universo, porque cuanto más te aísles más se
acrecentará el gran problema: tu incapacidad de dejar de pensar solo en
ti mismo/a.
b) Reconcíliate contigo y con tu soledad
Tú eres
la única persona que va a estar contigo toda la vida porque la gente va y
viene. Por eso, el objetivo es que tú seas tu mejor amigo/a y esa es
la clave de todo. Así como te trates o te hables, será el indicador de tu vida
emocional y de cómo van a ser tus relaciones con los demás. Te recomiendo las
siguientes lecturas:
Austoestima: Cómo trabajarla y
entender el concepto
Autoexigencia: por qué nos
esclavizamos y nos convertimos en nuestro peor juez.
c) Deja de buscar estímulos fuera para sentirte
mejor
Hay
personas que son incapaces de estar a solas porque cuando lo hacen
se enfrentan a sus propios pensamientos. Lo viven como una tortura y por
eso buscan algo, alguien o cualquier entretenimiento: desde el móvil, series o
lo que sea para huir de sí mismas y no tener que escucharse. ¿De verdad esa es
la vida que quieres? ¿De verdad crees que puedes alcanzar la plenitud personal
sin aceptarte?
En
cambio, si estás bien contigo mismo nunca te sentirás solo. Si en tu mente
tienes un amigo siempre estarás en buena compañía, por lo que aceptarse y
quererse es el ingrediente fundamental.
La buena
vida no tiene que ver con los logros, la buena vida se construye de buenas
relaciones, de buenos momentos, de compartir abrazos y buenos sentimientos, de
esa necesaria conexión humana. Por ese motivo, tenemos que poner prioridades y
hacer un esfuerzo para relacionarnos más.
d) Trabaja tus relaciones personales
Sal,
únete a algún grupo de algo que te guste, de montañismo, de lectura, de baile,
de algún deporte. Ábrete, busca personas con las que puedas tener conversaciones
profundas, conectar.
Busca
donde puedas ayudar, hacer algo de voluntariado, alguna forma en la que puedas
contribuir y salir de ti. Tenemos que pasar más tiempo frente a personas,
mirándonos a los ojos y menos tiempo mirando a una pantalla.
Así que si
te sientes solo desde aquí te mando un enorme abrazo y si nos cruzamos en la
calle, encantado de dártelo y recibir uno en persona.

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