por Ángel
Álvarez
Una de las
constantes de la mayoría de los profesionales de este país, probablemente sea
algo también global, es lo ocupados que están, la gran cantidad de tareas que
afrontan y el sinnúmero de compromisos que atienden. Pero, que una persona esté
muy ocupada, que haga muchas cosas, no, necesariamente, significa que sea una
persona productiva. El número de horas dedicadas al trabajo y las tareas
llevadas a cabo no son sinónimos de que sean los adecuados para alcanzar los
objetivos que se plantee lograr. Suponiendo, claro, que se los haya planteado.
Con al
ánimo de ayudar a tantas personas despistadas, muchas equivocadas, a
continuación, comentaré algunas de las cosas que podemos, y debemos, tener en
cuenta para dejar de estar (mal) ocupados y ser más productivos.
Es
sorprendente que, tras haber preguntado a cientos de personas de todo tipo,
¿dónde quieres estar en los próximos cinco, diez… años? o ¿qué te gustaría
conseguir a medio y largo plazo?, su respuesta sea: no lo sé, depende de las
circunstancias, en la situación actual me conformo con lo que tengo, o algo
similar. Respuestas que muestran total resignación hacia el entorno y las
circunstancias, falta de ambición, y, sobre todo carencia absoluta de foco
vital.
1. Tener
una misión en la vida
Por otro
lado, es muy frecuente, escuchando a personas exitosas y satisfechas con sus
logros, constatar que siempre han tenido un horizonte claro que querían
alcanzar y hacia el que, con los cambios a que la vida las haya obligado, han
orientado su actividad. Incluso a pesar de los fracasos, cuyas enseñanzas
también les han servido para avanzar hacia su destino.
Y aquí
radica la razón fundamental por la que hay que ser productivo, ya que solo las
personas productivas piensan profundamente en sus vidas, identifican su importancia
real, establecen su propósito y, por supuesto, actúan en consecuencia para
lograr sus metas en la vida. El resto, están demasiado ocupados dispersando su
energía y haciendo cosas que las alejan de conseguirlo.
2. Clarificar
qué hay que hacer
Como ya
comentamos anteriormente, la gente ocupada se centra, fundamentalmente, en la
acción. Hacer, cuantas más cosas mejor, es el objetivo de sus vidas. Y todo eso
sin pararse a pensar si esas acciones son las que la ayudará a conseguir sus
objetivos. Y, ya no digamos, si, además, una parte de las acciones se realizan,
sin pensar en su idoneidad, simplemente porque las solicitan entes que,
absurdamente (no suele haber ninguna razón productiva para ello), se considera
que no hay que cuestionarse: jefes, clientes…
Por el
contrario, las personas productivas dedican el tiempo necesario para determinar
cuáles son las actividades que realmente las llevarán a conseguir sus objetivos
y planifican su tiempo concentrándose en ellas. Eliminando, en la medida de lo
posible, que siempre es mucho más de lo que al principio parece, todo aquello
que las aparta de ellos.
Y, aunque
mucha gente piensa que es mejor hacer algo que nada, esto no es cierto. Es
mejor no hacer nada que realizar una acción que no conecte con tus objetivos.
De modo que, si fuera tu caso, estate quieto.
3. Invertir
el tiempo inteligentemente
La
productividad no se centra solo en hacer las cosas en el menor tiempo posible,
sino en lograr el máximo impacto. Dedicar el tiempo a las cosas importantes y
no solo a las que hacen ganar dinero. Realizar actividad física adecuada varias
veces por semana, para muchos puede parecer una pérdida de tiempo valioso, pero
seguro que mejorará la salud, nos hará sentir mejor y ayudará a reducir el
estrés. Lo mismo pasa con el tiempo dedicado a nuestra vida familiar, social o
espiritual.
Hay que
invertir tiempo en todas aquellas cosas que tienen impacto en la vida (cada uno
decidirá cuáles son) y no solo concentrarse en las tareas habituales.
4. Influir
en el entorno
Mientras la
gente ocupada habla del poco tiempo que tiene y pone excusas para todo aquello
que no cumple a tiempo, la productiva, que ya tiene claro qué es lo importante
y que las horas disponibles en su día de trabajo son finitas, protege
enérgicamente su tiempo disponible para maximizar la productividad, y lo dedica
a determinar, a eliminar o disminuir, negociando siempre asertivamente con el
entorno, lo que no lo es, y a centrarse en la acción y los resultados.
Esta
actitud permite ser más productivo e influyente sobre el entorno, consiguiendo
que, paulatinamente, haya que dedicar menos tiempo a tareas irrelevantes para
la consecución de los objetivos. Aunque vengan disfrazadas de la urgencia o
falsa importancia que otros le atribuyan.
5. Saber
decir NO
Como continuación
del punto anterior, una de las cosas más importantes para ser productivo es
aprender a no asumir más de lo que se puede manejar y saber cuándo decir no a
las solicitudes de otros, para usar el tiempo de manera eficiente y completar
los proyectos propios. Porque si, constantemente, se dice que sí, entonces se
concede a otras personas y proyectos el control sobre la rutina diaria.
Hay que
elegir con cuidado dónde dedicar el tiempo y atención, y aprender a decir no
más a menudo. Acepta las cosas que brinden el mayor beneficio o valor para ti y
tu negocio y rechaza o delega todo lo demás.
6. Enfocar
la actividad con pocas prioridades
En la
juventud es bueno disponer de múltiples opciones: viajar, aprender idiomas,
estudiar, realizar diferentes trabajos, vivir en otros países… Sin embargo,
cuando se dispone de una misión en la vida, hay que dejar de lado la mayoría de
las opciones, establecer prioridades y concentrar la energía en lo importante.
Si mi
objetivo para este año es aprender inglés, me concentraré en ello y hablaré
inglés al finalizar el año. Si, por el contrario, mis objetivos para este año
son hablar inglés, cambiar de trabajo y ganar más, viajar a 10 países, hacer
deporte, encontrar pareja, ir a todas las exposiciones de mi ciudad…, con casi
toda seguridad no hablaré inglés en diciembre.
El enfoque
es la puerta de entrada a todo tipo de pensamiento, a la percepción, al
aprendizaje, al razonamiento, a la toma de decisiones y a la resolución de
problemas. Y, considerando que la cantidad de energía siempre es finita, y por
desgracia muy a menudo no tan grande como nos gustaría, debemos concentrarla en
un número limitado de prioridades.
Menos
prioridades significa que no dispersarás tu energía y puedes concentrarte en
ellas intensamente y encontrar las mejores formas de lograrlas.
7. Realizar
una sola tarea a la vez
Es una
creencia generalizada que los humanos somos multitarea, cuando nuestro cerebro
está diseñado para concentrarse y realizar una sola acción cada vez. El hecho
de que también sea capaz de pasar muy rápidamente de una a otra, generándonos
la falsa creencia de simultaneidad, no significa que, cada vez que cambiamos de
tarea, necesitemos un 30% más de tiempo para retomar la anterior. Si esto solo
pasase una vez al día, probablemente no tendría un efecto muy negativo. Pero,
desgraciadamente, suele suceder muchas veces a lo largo de un día, cientos en
una semana, miles en un mes… No parece que sea muy difícil calcular el tremendo
impacto final en un año.
Así que, ya sabes, las tareas de una en una. No empieces otra
hasta que no hayas finalizado la actual.
8. Delegar,
delegar y delegar
Delegar es
una de las herramientas más potentes que tiene un líder para ganar en eficacia
y en eficiencia y hacer crecer a su equipo. Suena bien, ¿verdad? Pero, a pesar
de su indudable valor, la falta de delegación es uno de los hábitos endémicos
no productivos de tantas personas y organizaciones. Y suele deberse,
fundamentalmente, a la falta de confianza hacia los colaboradores. Unido a que,
además, muchos líderes piensan cosas como: “no tengo tiempo para enseñar a
nadie”; “acabo antes haciéndolo que explicándolo”; “yo lo hago mejor”; “debo
tener el control de todo”… ¿Te suenan?
Las
personas que no delegan no solo no tienen claro que no se las paga por “hacer”,
sino por centrarse en la estrategia, fijar objetivos, pensar, decidir,
gestionar al equipo… y para ello necesitan tiempo. Tampoco, que delegar
contribuye a hacer crecer las capacidades, la preparación y la cohesión del
equipo. Razones que, ningún buen líder, puede obviar.
La gente
ocupada habla de lo liada que está, de la gran cantidad de cosas que tiene que
hacer y, en muchos casos, de la frustración que les causa no disponer del
tiempo suficiente para realizarlas. Síntomas evidentes de que están muy lejos
de ser productivos. Las personas productivas y eficaces hacen las cosas. No
pierden el tiempo y trabajan su plan hasta que están satisfechas con el
resultado.
9. Dejar
que los resultados hablen
Además,
hacen las cosas bien a la primera. De esta forma, no tendrán que dedicar tiempo
a hacerlas de nuevo. Incluso si eso significa reducir la velocidad y dedicar
más tiempo para realizar la tarea, ya que, normalmente, es más rápido y
económico que tener que hacer la tarea más de una vez porque se planificó mal o
se cometió un error.
10. Disponer
de un horario para abrir la puerta
La política
de puertas abiertas, por la cual cualquier persona puede entrar en el despacho
de sus responsables en cualquier momento para plantearles alguna cuestión,
puede convertirse en un tremendo sumidero de tiempo. Está muy bien ser
accesible, pero, como con casi todo, la disponibilidad debe tener un horario.
Y, fuera de él, la puerta debe estar cerrada. De este modo se hace saber a
todos que no deben molestar a menos que sea una emergencia.
Al cerrar
la puerta a las distracciones, puedes concentrarte y usar tu tiempo de manera
eficiente sin ser interrumpido. Y, por otro lado, cuando permanezca abierta,
significa que estás en disposición y actitud, porque así lo has previsto y
comunicado, para prestar toda la atención posible a lo que te planteen y buscar
la mejor solución posible.
11. Manejar
adecuadamente herramientas tecnológicas
Pocos dudan
actualmente de la importancia de las herramientas tecnológicas (ofimáticas,
dispositivos móviles, redes sociales, etc.) en nuestra actividad. Y, cuando nos
complican la vida, debemos preguntarnos cómo, herramientas que fueron diseñadas
para hacérnosla más fácil y aumentar nuestra productividad, se han convertido,
en la mayoría de los casos por su mal uso, en auténticos elementos de tortura.
Es evidente
que ese mal o deficiente uso suele deberse a un desconocimiento de sus
posibilidades. Enseguida nos ponemos a utilizarlas, de una forma muy básica,
sin dedicar tiempo suficiente a profundizar en todo lo que pueden ofrecernos y
en cómo debemos orientar su uso. Y eso se paga.
Es muy
importante tener en cuenta que cualquier tiempo dedicado a conocer y optimizar
el uso de las herramientas tecnológicas es una inversión de tiempo siempre
rentable, que aumentará sensiblemente la productividad.
12. Rodearse
de personas eficaces
Las personas
ocupadas, sobre todo los jefes, miden las horas de actividad y convierten el
lamentable presentismo en su modelo de gestión. Las productivas miden los
resultados y agradecen y recompensan cuando se logran en menos tiempo. A los
jefes productivos les encanta ver que sus colaboradores disfrutan con su
trabajo y crean entornos de trabajo cooperativos en los que todos puedan
aprender, compartir, crecer y sobresalir.
Hay que
tener presente que el comportamiento de las personas tiende a reforzar la
voluntad colectiva del grupo. Por eso las personas eficaces se rodean de otras
eficaces que reforzarán su voluntad de hacer las cosas y hacerlas bien. Las
personas eficaces quieren que las que las rodean las animen y refuercen los
atributos que quieren encarnar.
13. Promover
los cambios
Otra
creencia muy extendida, y seguida por las personas ocupadas, es la de que si
algo funciona no lo cambies. Si esto fuera cierto, la especie humana nunca
hubiera evolucionado como lo ha hecho hasta hoy, porque los seres humanos han
sido capaces de adaptarse a situaciones y circunstancias siempre cambiantes. Es
nuestra mayor fortaleza como especie.
Por eso,
las personas productivas se adaptan a su entorno y a los cambios en sus vidas a
lo largo del tiempo. Identifican muy bien qué acciones ya no son adecuadas o
han perdido su eficacia e implementan nuevos hábitos. Pueden dedicarse a nuevas
tareas o aprender nuevas habilidades. Son innovadoras, siguen avanzando y no se
arraigan en hábitos improductivos, viendo como pasan el mundo y las
oportunidades delante de ellos.
Ahora que ya dispones de unas cuantas
estrategias, revisa cómo lo estás haciendo, analiza lo que no funciona y
comienza a cambiar aquellas que te alejan del cumplimiento de tus objetivos y
de la calidad de vida que te gustaría disfrutar.

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