Por Pablo A arango
“Cuanto más pronto comiences a planear tu vida, más pronto vivirás la vida que sueñas” —Hans Glint
La calidad de nuestros días determina la calidad
de nuestra vida.Es cuestión matemática: el todo no puede ser mayor que
la suma de las partes. Si los días son malos, su sumatoria, nuestra
vida, no será muy positiva.Ahora bien, días malos siempre van a haber:
son inevitables.
De lo que se trata es de crear unas condiciones que favorezcan la
ocurrencia de muchos días buenos, para que así, las malas jornadas sean
compensadas con amplitud por la luminosidad de las buenas.
Pero «¿qué es un buen día?» —me preguntas—. Eso, mi amigo, no lo puedo responder de manera general.
Un buen día debería tener para cada uno, un significado distinto.
Las personas tienen gustos, intereses y circunstancias diferentes. Un
buen día para alguien casado, con hijos y amante del arte, será muy
diferente del de una persona soltera a la que le gustan los deportes.
En mi caso, un buen día significa progreso. Cuando me voy a la cama satisfecho es cuando he hecho avances en mis más importantes metas. No importa que el progreso sea modesto, lo importante es no detenerse y ni echar para atrás.
En mi caso, un buen día significa progreso. Cuando me voy a la cama satisfecho es cuando he hecho avances en mis más importantes metas. No importa que el progreso sea modesto, lo importante es no detenerse y ni echar para atrás.
Cuidar de mi salud, de mi estado emocional e intelectual, pasar
tiempo de calidad con mi familia y trabajar en mis proyectos
profesionales, es lo que considero progresar.
Por lo anterior, un buen día es un día arduo. Trabajar en todas esas áreas implica utilizar el tiempo con mucha eficiencia. Queda poco sitio para el despilfarro.
Por lo anterior, un buen día es un día arduo. Trabajar en todas esas áreas implica utilizar el tiempo con mucha eficiencia. Queda poco sitio para el despilfarro.
Y al contrario, un día de indulgencia, de ocio embrutecedor e improductivo, es uno malo.
No niego que de cuando en cuando venga bien pasar 24 horas en la más absoluta ociosidad, pero jamás debería ser esto habitual.
No niego que de cuando en cuando venga bien pasar 24 horas en la más absoluta ociosidad, pero jamás debería ser esto habitual.
Si queremos entonces tener muchas jornadas provechosas, debemos
entender primero que estas no ocurren por casualidad; son el resultado
de un esfuerzo intencionado, surgen como producto de la planeación.
Planear es un gran hábito, nos obliga a priorizar. Nuestro tiempo es
limitado, si queremos avanzar en ciertas áreas necesariamente tendremos
que decir no a otras.
El calendario es por lo tanto nuestro amigo. Con su solícita ayuda
podemos diseñar días que nos hagan sentir que nuestra vida avanza en la
dirección correcta.
Yo acostumbro a realizar una corta sesión de planeación al principio
de cada semana, para que las actividades que considero prioritarias
cuenten con espacio suficiente dentro de la agenda.
Luego, antes de empezar cada día reviso cuales son las metas de esa
jornada. Esto me ayuda a permanecer enfocado en las cosas importantes.
Concentrar nuestra energía en pocas cosas nos permite experimentar
progreso, sentir que estamos avanzando hacia un fin que hemos elegido.
Al contrario, tener nuestra atención dispersa en mucho, hace muy difícil percibir cualquier adelanto.
El éxito y una vida satisfactoria no son cosas con las cuales uno tropieza. La probabilidad de triunfar por casualidad es cero.
El éxito y una vida satisfactoria no son cosas con las cuales uno tropieza. La probabilidad de triunfar por casualidad es cero.
Así que mejor empezar (si aún no lo haces) a planear tu brillante
futuro. Y nada mejor que hacerlo en estas fechas, con doce inmaculados
meses a tu disposición.
Fuente: https://www.notasaprendiz.com/blog/disena-tus-dias-para-crear-una-gran-vida
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